Por Nicolás Jouve, catedrático de Genética, miembro de Cívica
En repetidas ocasiones hemos dicho que en la vida humana embrionaria es importante destacar el aspecto temporal que se plasma en la «continuidad» de su desarrollo. Este está previsto en el genoma individual que ya existe en el cigoto (información del ADN) y no variará sustancialmente, salvo por las posibles influencias ambientales. No existe ningún salto cualitativo desde la concepción en adelante y al final del proceso de la fecundación el cigoto se segmenta para dar lugar a dos células, que a su vez se dividen para dar lugar a un embrión de cuatro células y así sucesivamente. No puede decirse que el embrión unicelular o bicelular o cualesquiera que sean sus células en un momento dado es distinto al que era antes o será después. Se trata de la misma vida en crecimiento dinámico y continuo. Por ello no cabe dudar de que desde la fecundación exista un individuo de la especie humana que se va desarrollando de manera continua.
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